Medellín venció 2-0 al Quindio, pero no le alcanzó para llegar a la final

Juan Esteban Ortiz (60′) e Iván Corredor (70′) marcaron los goles del partido. El DIM estuvo 31 minutos clasificado a la finalísima de la Copa Mustang, pero quedó eliminado a pesar de la victoria
El triunfo del Chicó, que llegó a un minuto del tiempo oficial, acabó con las aspiraciones del Poderoso, que para el próximo Torneo tendrá nuevo entrenador luego de la renuncia de Juan José Peláez.
El corazón de los aficionados del Medellín tiene una doble membrana de protección alrededor de su corazón. No de otra manera se explica que se vuelvan a padecer noches como la de éste sábado y ellos sigan sin problemas cardiacos.
El fantasma de momentos amargos en la historia del equipo como el 5 de diciembre de 1993 cuando Medellín fue campeón por cinco minutos, se revivió porque el Rojo tuvo todo para subir al cielo, pero al final se quedó con las manos vacías.
La necesidad era imperiosa si no se quería pasar otra vergüenza como en el semestre pasado, cuando se le dieron todos los resultados, pero el Rojo no hizo la tarea ante el mismo rival que enfrentaba esta noche, el Deportes Quindío.
Por eso el equipo de Peláez salió brioso, como el toro que quiere embestir al matador para no tener que alargar el sufrimiento hasta el final. En el primer cuarto de hora el local tuvo cinco opciones claras de gol.
Castrillón, de cabeza, la estrelló en el palo (10); Diego Álvarez, en el rebote, la tiró por encima (10); de nuevo la cabeza de Ayron del Valle, pero Otero la evacuó con facilidad (11); y posteriormente el mismo Álvarez remató ligeramente desviado (16).
Sin embargo, lo que se creía avalancha de goles y de buen fútbol, terminó siendo el principio de una película de terror para los hinchas rojos. Quindío, fiel a su planteamiento calculador, fue domando al toro y le fue sustrayendo su bravura. Logró reducir espacios en defensa para agrandarlos en ataque y generar peligro en el arco de Bobadilla.
Medellín, que tuvo el chance de tener a los cafeteros contra las cuerdas, se contentaba con dejar levantar la cabeza al oprimido y permitirle llegar varias veces con posibilidad de gol haciendo transiciones rápidas y arribos con mucho vértigo.
No importaba el cómo, sólo interesaba el qué. No importaba con qué parte del cuerpo ni quién la metía, sólo interesaba introducir el balón. Porque hasta ahora era más de lo mismo, la fiel continuación de una película ya vista llamada eliminación.
Por eso con energías recargadas en el entretiempo el equipo salió a buscar su suerte y muy pronto el primer grito llegó de parte del jugador mas regular de la temporada al lado de Bobadilla, Juan Esteban Ortiz. Madera sacó de banda y en el área recepcionó del Valle, que vio bien ubicado a un Ortiz que soltó un bombazo rasante para vencer la resistencia del Otero.
Se le abría el boquete a la esperanza para que esta inundara el alma roja. La poca gente que llegó -un poco más de once mil espectadores- se empezaba a ilusionar con el paso a la final. Mucho mas cuando Armando Carrillo marcaba para el Cali en Tunja y ahí sí fue el acabose. Todos se abrazaban y miraban al cielo para agradecerle al Eterno por los favores recibidos.
Y como una respuesta divina, el segundo del Poderoso llegó. Otra vez en acción Ortiz que habilitó al recién ingresado Corredor, quien imprimió su alma en el remate y la mandó a guardar para definir el pleito. Era sentarse como el condenado que va recibir su condena, con las piernas recogidas y con el corazón palpitando por fuera de su cuerpo.
El empate del Chicó por parte de Fran Pachecho ponía a tocar madera a todo el mundo y con la victoria definida la atención se transportaba a Tunja. Las uñas se acabaron y la gente no se movía de sus asientos a la espera del veredicto final. Faltaban pocos minutos y la ansiedad dio golpe de estadio porque se apoderó de todos.
Pero el grito desesperado de la muerte se escuchó cuando Aguilar marcó en contra para el Cali y la opción de ser finalista por cuarta vez en el milenio se desvaneció completamente. Fue una puñalada certera que desangró a todos con rapidez. Los rostros de alegría que durante 30 minutos festejaron, se transformaban en muecas de terror y de abatimiento.
El pitazo final que puso a celebrar a los boyacenses por el acceso a su primera final, también fue el que acalló con silencio sepulcral el Atanasio Girardot. La eliminación le dio paso a las reflexiones de un sector de la hinchada que sintió que la clasificación no se perdió esta noche de terror sino en la confrontación ante Chicó donde no se marcó diferencia numérica.
Será otro trago amargo que demorará en digerirse para los fieles escarlatas. Fue otra noche de esas que nunca se quieren recordar porque traerlas a colación sería volver a vivir otros noventa minutos de padecimiento rojo.
Ficha del partido
Estadio: Atanasio Girardot
Asistencia: 11.109 espectadores
Recaudación: 116.590.000 de pesos.
Árbitro: Albert Duarte - FIFA Tolima
Asistente No 1: Humberto Clavijo - FIFA Meta
Asistente No 2: Wilmar Navarro - Santander
Independiente Medellín: Aldo Bobadilla; Elkin Calle, Andrés Ortiz, Bélmer Aguilar, Ormedis Madera; Juan Carlos Quintero, Juan Esteban Ortiz, Jaime Castrillón; Omar Pérez; Ayron Del Valle, Diego Álvarez. DT: Juan José Peláez
Goles: Juan Esteban Ortiz (59) e Iván Corredor (70).
Sustituciones: Iván Corredor por Jaime Castrillón (51), Danilson Córdoba por Ayron del Valle (73) y Jackson Martínez por Diego Álvarez (80).
Amonestaciones: Ayron del Valle (2), Juan Carlos Quintero (27), Diego Álvarez (67) y Jackson Martínez (86).
Deportes Quindío: Alejandro Otero; Nondier Romero, Pablo Escobar, Hányer Mosquera, Sebastián Ramírez; Diego Chará, Alexander Medía, James Quiñonez, Luis Ómar Valencia, Ronaille Calheira y Danny Santoya. DT: Néstor Otero.
Sustituciones: Amonestaciones: James Quiñónez (19), Alexander Mejía (32), Pablo Escobar (75), Diego Chará (76).
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